viernes, 2 de noviembre de 2012

Sandy y la política norteamericana del mal vecino hacia Cuba

Con diferencia de días, el huracán Sandy golpeó a Cuba y a Estados Unidos. Hay coincidencias y diferencias en las respuestas de los respectivos gobiernos ante esa catástrofe, y hacia el país vecino.
El 25 de octubre el huracán Sandy golpeó Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo, en Cuba. Los vientos dañaron el tendido eléctrico y la provisión de agua potable, y tiraron abajo total o parcialmente muchas casas. Se reportó que hubo “130.000 viviendas dañadas en Santiago de Cuba y otras 52.000 en Holguín, además de fuertes pérdidas en la agricultura”. La tormenta provocó fuertes lluvias en zonas centrales, que desembocaron en más inundaciones en aquellas provincias. Mala suerte tiene Cuba con estos fenómenos meteorológicos. No la dejan casi nunca indemne cuando se producen, entre octubre y noviembre de cada año.

Afortunadamente, su organización política y social, las previsiones del gobierno y sus centros de alertas tempranas contra esos huracanes, le permite capear los temporales. Así y todo, también los cubanos mueren frente a esas tempestades: en esta ocasión fueron doce.
En la vecina Haití hubo 54 muertos y más de veinte desaparecidos. Y así en el resto del Caribe.
Sin negocios.
El gobierno cubano estuvo en el lugar de los hechos desde el primer día. El presidente y primer secretario del PCC, Raúl Castro, y el vicepresidente y segundo secretario Ramón Machado Ventura, fueron a Holguín y Santiago de Cuba. Ambos visitaron los municipios más afectados, dialogaron con los vecinos, recogieron sus demandas y dieron las orientaciones para que se reanudara cuanto antes la provisión eléctrica, se reubicara la población que había perdido sus hogares y se dispusiera el abastecimiento de alimentos. Los campesinos y sus cooperativas fueron exhortados a entregar sus productos en los mismos precios. En el socialismo no hay negocio con estos dramas, no se lucra con el dolor y la muerte. En el mercado capitalista sí; se infla artificialmente la cotización de los artículos más urgentes.
Machado Ventura expresó: “la Revolución no dejará abandonado a nadie”. Añadió que “se dará a los damnificados la ayuda necesaria en la medida de lo posible y sobre la base de prioridades establecidas”.
Ayuda de Venezuela.
Cinco días después llegó al aeropuerto Antonio Maceo, en Santiago, un avión fletado por Venezuela con 14 toneladas de leche, azúcar, arroz, pastas, atún, sardinas, lentejas, aceite y frijoles. Hugo Chávez, el solidario, también mandó un barco con ayuda al país y a Haití, con otras 65 toneladas de productos. La isla siempre fue solidaria y le pagan con la misma moneda, al menos Venezuela y muchas otras naciones. El imperio, mal vecino, esa es otra historia.
La mayor preocupación de las autoridades, fuera de asegurar la vida y el alimento de la población del oriente, era reanudar las clases. Ese objetivo se cumplió casi en su totalidad. La educación es el valor supremo donde en 1961 se derrotó al analfabetismo; otras cosas pueden esperar.
Una cosa notable. Al llegar Castro a Santiago de Cuba y antes de comenzar su recorrida, fue al cementerio Santa Ifigenia para saber cómo estaba el mausoleo de José Martí y los panteones de los caídos del Moncada. Supo que allí no hubo afectaciones y siguió su periplo. Cuba no olvida a los vivos, pero tampoco a sus muertos, mártires y apóstoles.
Se cuidaron por Katrina.
Como los fenómenos de la naturaleza no hacen distinciones ideológicas, aunque generalmente afectan en mayor grado a los sectores más vulnerables, Sandy siguió su camino y el lunes a la noche pegó en Nueva Jersey y Nueva York.
Aunque el recuento oficial necesita actualizaciones, en EE UU murieron 50 personas. En un momento crítico hubo 8 millones de viviendas sin luz a lo largo de 18 estados, sobre todo en Nueva Jersey. La ciudad de Nueva York tuvo inundaciones nunca vistas, con olas de más de 5 metros. El agua se metió en todas partes, entre éstas el sistema del Metro, empleado diariamente por más de 5 millones de usuarios. El transporte público quedó fuera de combate y se suspendieron 16.000 vuelos, cerrándose los tres aeropuertos.
Las muertes se produjeron en Connecticut, Nueva York, Nueva Jersey, Maryland, Pensilvania, Carolina del Norte, Virginia y Virginia occidental. También los hubo en Toronto, Canadá, aunque el huracán había perdido parte de su fuerza.
“La empresa de estimación de desastres Eqecat señaló que Sandy podría afectar a 60 millones de estadounidenses y provocar daños superiores a 20.000 millones de dólares”, publicaron los diarios. Otros sumaron el costo de hasta 36.000 millones en las obras de reconstrucción. Los estudios del impacto económico vienen a cuento, pero a condición de que no tapen el aspecto central: la pérdida de vidas humanas y daños a la población.
Zonas.
¿Todos los habitantes de las zonas afectadas sufrieron por igual? Muy difícil, por no decir imposible que haya esa “igualdad” a la hora de afrontar los retos de la naturaleza, porque inciden los medios económicos, la calidad de las viviendas, las zonas inundables o no y muchas otras variables.
La corresponsal de “La Nación” informó que en Nueva York en sombras y paralizada, trabajaban sólo los taxistas, entre ellos refugiados de origen sudanés. Estos veían la oportunidad de hacer unos pesos extras, que necesitaban, afrontando los riesgos; muchos otros hogares sin tantas urgencias aprovechaban para quedarse en casa, cocinar y ver TV.
Se dirá que tanto el presidente Barack Obama como el candidato republicano Mitt Rommey, tuvieron sensibilidad política para suspender la campaña electoral, en su tramo final hacia la votación del 6 de noviembre. Es verdad. Obama no se metió en las zonas inundables y afectadas como Raúl Castro en Santiago de Cuba, pero suspendió sus actos proselitistas y se quedó en Washington, supervisando el operativo de reconstrucción y dialogando con los gobernadores, sobre todo el republicano de Nueva Jersey, Chris Christie.
Pero esa conducta positiva no fue espontánea sino que tuvo que ver con la actitud de George W. Bush, ante las inundaciones por Katrina, en 2005, que lo dañaron políticamente. Ahora el sistema bipartidista, que lleva gastada la obscenidad de 1.089 millones de dólares en la competencia de demócratas y republicanos, se cuidó de no cometer el mismo error de Nueva Orleáns. Al menos hasta votar el martes 6; después se verá.
Primero Wall Street.
Esa supuesta preocupación de los dos presidenciables no tiene mucha consistencia porque ambos entran en contradicciones con aspectos puestos sobre el tapete por Sandy. Por ejemplo, ¿hasta qué punto son sinceros, teniendo en cuenta el abultado presupuesto de “Defensa” (léase de Guerra)? Ese dinero pudo tener mejor destino, en prevención y obras. ¿Rommey dice estar realmente preocupado por lo sucedido cuando en las internas republicanas era partidario de liquidar FEMA, el ente federal para situaciones de catástrofes? El propuso dividirlo y traspasarlo a los estados e incluso a empresarios privados.
Otro costado del drama provocado por el huracán también interpela al gobierno actual y a los anteriores, de uno y otro signo político. Es que los investigadores sostienen que la capacidad destructiva del huracán fue superior debido a la mayor temperatura de los océanos, producto del cambio climático. El director de Análisis Climático del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de EEUU, Kevin Trenberth, planteó: “no es el 90 por ciento, es decir, no hablamos de que un fenómeno como Sandy esté totalmente dominado por el cambio climático, pero la temperatura del agua es mayor, las olas más grandes y la lluvia más fuerte”. Según el meteorólogo, los efectos del huracán fueron “entre un 5 y un 10 por ciento más fuertes de lo que cabría esperar de una tormenta de estas características por el cambio climático”.
Misma catástrofe
El imperio está a la cabeza de la lista de los estados causantes del mayor daño al medio ambiente con el cambio climático, retaceando y en ocasiones vetando o bloqueando en las cumbres mundiales los programas y medidas prácticas para luchar contra esas afectaciones. El consumismo y el negocio de las multinacionales, sobre todo el de las automotrices, petroquímicas, petroleras y mineras, pueden más…
En este cotejo entre la superpotencia y Cuba, a propósito de las políticas medioambientales, es conveniente recordar que Fidel Castro, en la Eco-Cumbre de Río de Janeiro, en 1992, llamó a cuidar la ecología y el planeta, a la humanidad en definitiva.
Sandy deja más material para el reproche a las autoridades norteamericanas: no aflojaron ni un milímetro su política de bloqueo contra Cuba, afectado por la misma catástrofe. Esto no es solidaridad sino actitud de mal vecino. Los dos fueron golpeados por el temporal, pero uno (Cuba), además, siguió siendo herido por el bloqueo, que no nace del fondo de la naturaleza sino del Salón Oval y está en su ADN desde 1959.
Contrasta la actitud de la patria de José Martí, siempre bien dispuesta aún con ese país tan hostil, cuando hay emergencias. Cuando ocurrió Katrina, La Habana ofreció enviar gratuitamente la brigada médica “Henry Reeve” para colaborar en Nueva Orleans. Bush lo rechazó sin decir ni gracias.
Diferencias.
Un último dato revela las diferentes prioridades dadas en Cuba y EE UU en medio del desastre de estos días. En la primera se preocuparon por la gente y la reanudación de la labor escolar.
En Nueva York, en cambio, con todo paralizado, lo primero que se puso en marcha el miércoles fue la Bolsa de Wall Street. La corresponsal citada escribió:
“pero, a pocas manzanas de allí, el panorama seguía siendo desolador: aparcamientos y sótanos inundados, edificios prácticamente a oscuras -muchos de ellos de los grandes bancos de Wall Street-, y el túnel que conecta el extremo sur de Manhattan con el barrio de Brooklyn totalmente anegado”.
El consejero delegado de NYSE Euronext declaró entonces al canal financiero CNBC: “esta mañana decíamos medio en broma que debíamos ser el único edificio al sur de Midtown que tiene agua, luz y comida”.
No es ningún chiste. La prioridad está clara: primero Wall Street. Los otros inundados pueden esperar.
Fuente La Arena
*Periodista cordobés; publica sus columnas semanalmente en el diario La Arena, Santa Rosa, La Pampa, Argentina

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